Fundamentación

La pregunta por el sentido de vida y sentido de orientación respecto de la propia existencia, trae aparejados varios conflictos. En primer lugar, las conceptualizaciones sobre el discurso con que cada individuo se auto-dirige y nombra y con ello, el imaginario que sustenta, las predicaciones que de sí mismo hace y que constituyen -al fin y al cabo- una representación del mundo.

En este aspecto, la pregunta por el arte, por la continua apuesta a una existencia que se desarrolla teniendo a las artes como uno de sus ejes, trasciende los aspectos éticos y los deberes de una profesión (ser o no ser, dedicarse o no a las artes) para arraigarse en la mentalidad de los individuos convirtiéndose en procesos, formas  y sentido.  Esas formas (particulares y colectivas a un mismo tiempo) son generalmente un compendio de experiencias que se determinan por el contexto, la edad y las circunstancias.

Si bien vale la pena preguntarnos otra vez ¿qué es el arte y sus manifestaciones actuales?, hemos de considerar que en todas sus definiciones se le pondera como algo que pertenece a los fundamentos de eso que creemos “naturaleza humana”. Según Tartakiewicz (2007), las funciones o rasgos distintivos del arte se sintetizan en producir belleza, representar o reproducir la realidad, crear formas, expresar, producir experiencia estética y por último, producir un choque o impresionar. El artista es, asimismo, una categoría que pende de las ideas de cada época; por lo que sus conceptualizaciones están en evolución constante; una adaptación permanente que es la impronta de toda supervivencia.

Sobre estas adaptaciones es que queremos hacer énfasis pues las ideas del arte, particularmente del teatro y la actuación, solo pueden perpetuarse en aquellos para quienes esas ideas se integran al significado, al sentido con que van creando expectativas, relaciones y objetivos.

El fenómeno teatral implica una relación caracterizada por el convivio, la creación y la expectación[1], elementos que no podrían integrarse si no se vincularan a través de las producciones de sentido en donde es posible considerar aún al arte como religare y/o como identificación:

Si la naturaleza del hombre consistiese únicamente en ser un individuo, este deseo resultaría ser incomprensible y absurdo, pues ya sería un todo como individuo, es decir, sería todo lo que fuese capaz de ser. El deseo del hombre de expansionarse, de completar su ser indica que es algo más que un individuo. Sabe que sólo puede alcanzar la plenitud, la totalidad si toma posesión de aquellas experiencias de los demás que puedan ser potencialmente suyas. Ahora bien, lo que el hombre aprende como potencial suyo abarca todo cuanto la humanidad en general es capaz de hacer. El arte es el medio indispensable para esta fusión del individuo con el todo. Refleja su infinita capacidad de asociarse a los demás, de compartir las experiencias y las ideas (Fischer, 1994: 7)

La evolución de nuestras concepciones da pauta para hacer un estudio entre los creadores artísticos sobre ¿cómo se  han modificado las expectativas y el imaginario en las distintas generaciones a partir de especializarse en las artes gracias a estudios universitarios?, ¿cómo los movimientos sociales han influido en su compromiso, posición y afiliaciones? y finalmente ¿cómo se visualizan en la profesión artística dentro del contexto mediato (México) e inmediato (Puebla)? haciendo posible distinguir particularidades respecto a su sentido de pertenencia y arraigo; además, reflexionando sobre la manera en que esto se expresa y repercute en el sentido total e íntegro, en las decisiones y orientaciones para su vida.

A sabiendas de la casi imposible tarea de crear una definición universal del  arte que, inevitablemente estará ligada a contextos y estilos[2]; el interés por realizar este proyecto no radica en una posibilidad de esclarecimiento: ¿qué es arte?, ni en la situación de emergencia: ¿cuándo hay arte?, sino en la posibilidad de observar los modos de su evolución y pervivencia a partir de los sujetos que lo ejercen.

Descripción de las teorías: Representaciones sociales sobre arte, sentido y pensamiento

Esta investigación toma el estudio de prácticas y representaciones sociales como base puesto que, lo describe Abric (2001), este tipo de estudio elimina la distinción entre sujeto y objeto ya que a la vez se realimentan, construyen y determinan.

Las representaciones se consideran una modalidad de conocimiento gracias a la cual se elaboran comportamientos y se establecen las relaciones y comunicación entre los distintos grupos sociales, enfatizando su doble naturaleza que abarca lo intra e interpersonal a partir de contextos determinados.

Por sí mismo un objeto no existe.  Es y existe para un individuo a un grupo y en relación con ellos.  Así pues, la relación sujeto-objeto determina al objeto mismo.  Una representación siempre es la representación de algo para alguien.  Y como lo dice Moscovici (1986:71), esta relación,  «este lazo con el objeto es parte intrínseca del vínculo social y debe ser interpretada así en ese marco. Por tanto, la representación siempre es de carácter social (Abric,2001:5)[3]

Aunada a esta teoría están los conceptos de sentido en el que se abordarán, a modo de estrategias, la perspectiva desde la Logoterapia en las acepciones de Víctor Frankl, la Ontoterapia en la perspectiva de Ricardo Peter y la visión Transpersonal que retoma a psicoterapeutas y escritores como Claudio Naranjo y Virginia Gawel.

Para este fin, se recupera la crítica sobre la noción de sentido formulada por Ricardo Peter (2017) a partir de la multiplicidad de acepciones que contiene y que han sido discriminadas en logoterapia. Esto es importante puesto que, según Peter el sentido de vida no puede darse fuera de la psique y por tanto, el valor que cada individuo (en este caso cada artista) otorga a sus acciones, forma parte de una construcción y percepción internas que recorren el camino desde la inmanencia (lo interno) hacia la trascendencia (lo que está más allá de sí mismo), procesos que bien pueden empatarse con la interacción entre lo social e individual y que atañe a las representaciones sociales.

Para Peter, la Logoterapia propuesta por Frankl (2001) falla al colocar al hombre como un buscador de sentidos, arrojándolo hacia la trascendencia y a modo de un semiólogo que busca entrelazar las circunstancias como si de forjar una narrativa se tratase, recreando el mito de su propia existencia. En la cita “ser hombre quiere decir estar referido hacia algo diferente de sí mismo”[4]. Se contiene el alegato de  una falta de equilibrio donde el hombre depende de factores externos, como si la realidad y el sentido fuesen algo ya dado y significado per se y no el resultado de un juego dialéctico y holístico entre constructor, constructo y construcción.

La escuela y teoría definida por Víktor Frankl  como Logoterapia hace énfasis sobre la palabra Logos como un equivalente a sentido o propósito. Centrándose en el significado de la existencia humana y en la búsqueda de ese sentido por parte del hombre. Peter, sin embargo, reprocha el uso exclusivo de esa connotación puesto que logos es una palabra polisémica que no expresa sentido en forma directa y propone, en cambio, el término  sensus, ligado a una forma de conocimiento e inteligencia específicos y experienciales donde la emoción juega un papel preponderante. Por lo tanto, la búsqueda de sentido no debiera ser un ejercicio de pura racionalización que arroja al hombre fuera de sí, sino uno que mantiene el equilibrio entre sus mundos, el interior y exterior, lo individual y lo social, lo inmanente y lo trascendente.

Todo profesor puede, en forma empírica, observar la evolución de sus estudiantes sin distinguir el proceso holístico o la integración entre los niveles del sentir, pensar y actuar necesarios para que dicha evolución suceda. En el mejor de los casos, la propia formación artística le provee de experiencias significativas que, junto al desarrollo de una técnica pueden conformar un conocimiento de y para la vida. Lo cierto es, que en las artes, el aprendizaje va de la mano con el autoconocimiento, que requiere la contención de un grupo (amigos, familia, etcétera), el desarrollo de creencias (cultivo de una espiritualidad y tradiciones que no necesariamente forman parte de una religión) y la posibilidad de actuar bajo la orientación y valores de esas premisas. Todo ello forma parte de la generación de sentido, un sentido que va más allá del arte como técnica o profesión; del arte como apuesta, estilo de vida y perspectiva desde la cual se aprehende la realidad. Peter[5] asegura que, dentro de los procesos mentales, la perspectiva se encuentra en un nivel precedente, encauza la percepción dotándola de formas, convenciones y representaciones específicas.

El sentido promueve el equilibrio e integridad que según Claudio Naranjo, no se juega entre dos polos únicamente, sino en la estructura piramidal formada por lo intelectual, emocional y activo; el pensar, sentir y querer y entre los arquetipos de Padre, madre e hijo.[6] Por ello, construir el sentido de la propia existencia encierra: Dar prioridad al hecho de estar y mantenerse con vida; mantener el conjunto o unidad biológica que permite existir en  cualquier circunstancia; generar causas formales y causas finales, esto es, dotar de unicidad y significados para adaptarse y evolucionar; tomando en cuenta la condición y límites del ser humano. De esta forma podemos observar la esencia y la organización con que el individuo dota de sentidos a la actividad artística.

Más allá del pensar, el sentir y el querer, es el equilibrio entre el pensar, el sentir y el querer, y ese equilibrio  depende más que nada de que cada una de estas partes de nosotros pueda callarse…entre los 3 cerebros ese sería el principio también, la cuadrinidad en cierto modo es una totalidad, es una relación, y tal vez ese sea el modelo intrapsíquico de todas nuestras relaciones, tal vez sea la respuesta al sentido de la vida, es unidad,  que es también decir coherencia intrapsíquica (Díaz Deus: 2010)

El sentido que los artistas dan a la vida por y a través de la creación, se basa en la teoría de núcleo central que Abric desarrolla respecto al estudio sobre las representaciones; ya que por un lado es capaz de unir individuos y generar comunicación; no sólo de emociones sino de información básica y racional, organiza las formas en las que el arte se transforma, de actividad profesional y técnica a perspectiva del mundo. De algún modo, puede manifestarse como credo y hacer posible uno de los elementos que Naranjo propone como indispensable para el equilibrio y la unidad del ser; esto es, la capacidad para proyectar  sobre el mundo la divinidad que llevamos dentro. Integrando así todos los aspectos del ser humano en su conformación biológica y social.

Se hace posible entonces la conformación de grupos y sus diferenciaciones; se observan las funciones de saber, identitarias, de orientación y justificadores que permiten, respectivamente; entender y explicar la realidad, conducir los comportamientos y sus prácticas, definir y salvaguardar la identidad de los diferentes grupos sociales (comunidades artísticas en este caso) y por último, justificar sus posturas, afiliaciones y comportamientos[7].

Al preguntarnos por la construcción de las representaciones que dan sentido al vivir, al accionar respecto del arte, observamos las formas correspondientes a cada individuo y al mismo tiempo, las convenciones sociales o comunitarias cuyo tamiz es el de los acontecimientos que marcan a cada generación: las manifestaciones del movimiento ciudadano Yo soy 132, las protestas contra la ola de feminicidios y la del reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBT, incluso la movilización de apoyos y conformación de brigadas resultante del sismo del 19 de septiembre. Sólo por mencionar algunos de los movimientos con mayor participación de comunidad estudiantil y artística en la ciudad de Puebla. Más allá, las infancias marcadas por la caída de las torres gemelas, por los cambios que han modificado el paisaje y modos de vivir en una ciudad que ya no es solamente colonial, sino cuyas políticas y gobierno, la han encaminado hacia una metrópoli turística y cultural de gran influencia en el centro del país.

A esto debe agregarse la proliferación de grupos y movimientos artísticos potenciada desde hace 20 años[8] con el egreso de las primeras generaciones de artistas profesionales el surgimiento constante de grupos, apertura de escuelas y academias de actuación, el otorgamiento de apoyos al desarrollo de la cultura y el arte a través de becas o talleres, así como la continuidad de festivales o muestras -a pesar de los reclamos- hacen posible el progreso del fenómeno artístico y teatral, en este caso. Las variadas manifestaciones hacen que no podamos hablar a ciencia cierta de un teatro poblano, sino de teatros o manifestaciones teatrales cuya especificidad o características no se afirman bajo la premisa de una identidad. Puesto que si bien los grupos existentes realizan trabajo de mesa para discutir sobre las funciones de cada integrante, tareas asignadas en la organización, textos que se abordarán, estilos de actuación y formas de financiamiento, no hay discusiones sobre la identidad. Esto es,  ¿para qué hacemos lo que hacemos?, los para qué del teatro… la causa y la razón de cada grupo que, con honrosas excepciones genere una distinción y un sello particular. Pero el teatro; el arte, sobreviven con todo esto y a pesar de eso que pudiera percibirse como una carencia: la identidad, que corre con la misma suerte que el sentido; se construye y muta. Desde la antropología puede entenderse como el conocimiento que la persona llega a tener de sí misma a través de la mediación social. Desde la filosofía (la lógica propiamente dicha) como ley suprema del ser por lo que todo ente es él mismo y no otro. Ambas definiciones parecen crear un contraste entre lo que es en sí y lo otro (lo social) aunque es sólo aparente puesto que la identidad no se elabora en la diferencia; sino en la síntesis de los contrarios. También hay que agregar las circunstancias propias de cada individuo de acuerdo a su edad: el ser padre, empleado o desempleado, pertenecer o no a una familia, a una institución, etcétera. De este modo, los sentidos que se manifiestan a través del arte como expresión y estilo de vida se conforman de representaciones individuales y comunitarias; integran pues lo que Peter establece como sentido de mi vida y sentido de ser;  pero también y de forma rotunda, confieren conciencia respecto al carácter condicionado, limitado e imperfecto de la existencia  que demanda motivaciones o intenciones específicas dirigidas a un término, en donde hacer o dedicarse a las artes forma parte de la respuesta del ¿Por qué hago? y ¿Para qué hago?, el sentido de ser dice Peter, “es un empoderamiento que posibilita el sentido de mi existencia en cualquier circunstancia” (2017:81) y por ello, es más importante que la idea general de sentido de vida; puesto que implica no sólo la búsqueda e interpretación en los distintos ambientes, sino la idea de “mantenerse firme en el propósito de vivir” (2017:99); cubriendo desde los aspectos más importantes: La supervivencia, la existencia, el bienestar y la trascendencia.

En el proceso de las entrevistas se observará en forma detallada cómo, el ejercicio de las artes, provee de sensaciones de esperanza, enamoramiento, satisfacción, plenitud, vida y libertad. Lo que le otorga finalidad y forma.

[1] Términos utilizados por Jorge Dubatti quien señala que, actualmente, para estipular que algo pueda ser concebido como teatral se requieren de esas tres condiciones: Puede haber convivio (en muchos tipos de reunión) sin poíesis ni expectación, por ejemplo, en la mesa familiar o en una reunión de trabajo: hay teatralidad no-poiética, en consecuencia no 55 es teatro. Puede haber convivio y poíesis sin expectación (con distancia ontológica), por ejemplo en un ensayo sin espectadores: no se constituye al “mirador”, no es teatro. Puede haber poíesis sin convivio y sin expectación, por ejemplo, en el trabajo de un actor que ensaya en soledad: no es teatro. Puede haber convivio y expectación (sin distancia ontológica) sin poíesis, por ejemplo en una ceremonia ritual, en el futbol: no es teatro. Puede haber poíesis y expectación sin convivio, en el cine, por ejemplo: no es teatro (Dubatti, 2012: 40).

[2] Según Cavallaro expresan el “deseo de una cultura de darle forma al mundo de maneras particulares”(2002: 6)

[3] La versión en PDF y en línea puede variar el número de página donde se encuentra esta cita pero corresponde a la primera página del capítulo I: Las representaciones sociales: aspectos teóricos.

[4] Hoyos Tello A. Luis (2011) retoma para su resumen el libro de básico de Víctor Frankl El hombre en busca de sentido y algunas entrevistas para exponer los principios de la Logoterapia.

[5] Ha desarrollado un estudio sobre la posibilidad de una terapia de la  imperfección donde el perfeccionismo es tratado como una neurosis que afecta directamente el sentido de orientación de un individuo, para lo cual es importante re-establecer límites  y modificar la perspectiva desde la cual se percibe.

[6] Corresponde a las palabras de Claudio Naranjo en el vídeo Sentido de vida del que se toma la cita posterior, ampliando el tema. https://www.youtube.com/watch?v=UEMUG0s9bis

 

[7] En Abric, (2001) Del capítulo I: Las representaciones sociales: aspectos teóricos P. 7 de la versión digital.

[8] La ahora Facultad de Artes inició sus labores en los 90, iniciativa realizada por músicos a los que se fueron integrando otras actividades. El Colegio de Arte Dramático se unió en 1997, pasando por diferentes etapas de consolidación. Primero como talleres de arte, luego como Colegio- Licenciatura y en recientes fechas (2016), reconocida como Facultad al contar con un posgrado.